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El fin de la educación como la conocemos

17/10/2018

El fin de la educación como la conocemos

En el día del Profesor y  la Profesora, el docente Jorge Zubicueta, quien forma parte de la Unidad Técnica Pedagógica del LMS, invita a reflexionar sobre el deber la experimentalidad del Liceo y la necesidad de hacerla con atención a los cambios sociales y de concepción de la educación. “Es ineludible reflexionar respecto a qué podrá enseñar la escuela en el futuro inmediato”, invita.

Por Jorge Zubicueta Galaz, Profesor LMS

Probablemente nuestros padres y madres hayan sido personas madrugadoras, no solo por la -a veces-, ineludible necesidad de ganarse la vida, sino porque tenían una concepción del trabajo en que el compromiso y la responsabilidad nacían del entusiasmo por la vida.  Esas mujeres y esos hombres sabían que somos seres de tiempo limitado y que esa es una variable básica para nuestro accionar. Me voy a permitir una analogía, tal vez algo audaz: podemos decir que quienes fundaron el Liceo Experimental Manuel de Salas eran consuetudinarios madrugadores, es decir, personas que compartían una profunda pasión por enseñar y, por  tanto, por aprender.

La fundación del Liceo a comienzos de los años 30 del siglo pasado, promovida por una mujer extraordinaria como Amanda Labarca, es un temprano despertar de la impronta de la experimentación, sello que se constituyó en el relato esencial de este LMS, un relato que lo hizo madrugar por más de cuarenta años, hasta que el Golpe Militar conculcó su modelo de educación y lo dejó suspendido en el tiempo.

La Ley de Traspaso del año 2002, originada y concretada gracias a un relato épico protagonizado por su comunidad, no solo nos permitió el retorno a nuestro destino histórico, la Universidad de Chile,  sino que ratificó su imperativo histórico, legal y ético de  experimentar nuevas formas de enseñanza, aprendizaje y organización.

La pertenencia del Liceo a la Universidad de Chile es otra razón poderosa para experimentar y ofrecer al sistema educativo nacional nuestras experiencias educativas que, con las necesarias adecuaciones a cada contexto, puedan convertirse en propuestas significativas para muchos colegios de nuestro país, como ha sucedido con educación sin notas, y a su vez recibir las aportaciones  que esos colegios pueden hacer a nuestra educación. Esta experimentación necesariamente debe estar signada por un vínculo de aporte y de tensión con las propuestas de MINEDUC, ya que desde su fundación hasta la década de los setenta el Liceo avanzó varios pasos adelante de la educación pública nacional.

Algunos dirán que todas estas ideas se estacionan en el pasado, sin embargo, no debemos olvidar que desde el año 2013 hasta  el 2017 las y los Estudiantes, madres y padres, docentes y no docentes del Liceo, de modo ampliamente participativo, diseñaron su actual Proyecto Educativo, cuyas coordenadas lo pretenden re-situar como un liceo experimental, que aspira a su transformación permanente. Esta experimentación se basa en principios cruciales como la interdisciplinariedad, la necesidad de conformar comunidades de aprendizaje y la generación de una cultura cada vez más inclusiva e igualitaria.

En el Proyecto Educativo, el Liceo aspira, además, a convertirse  en una institución plenamente pública, a la cual tengan acceso estudiantes de todos los estratos socio- económicos y en el que, por tanto, la experimentación adquiera pleno sentido.

Por último, cabe subrayar que probablemente la educación como la conocemos esté llegando a su fin y, por ende, la escuela y la educación que ofrece requieran, con urgencia, concebirse de una manera distinta a la institución tradicional que todos y todas hemos conocido y sufrido como estudiantes.

Frente a este cambio proverbial, es ineludible reflexionar respecto a qué podrá enseñar la escuela en el futuro inmediato. En mi rol de docente podría decir que aprender a pensar y aprender a crear. Un posible correlato a esta diada sería la necesidad de que las y los Estudiantes sean capaces de investigar y de argumentar de forma consistente. Crear, por su parte, es posible que implique resolver problemas reales, pensando de modo divergente, no para adecuarse o adaptarse a un sistema preconcebido, sino para ser parte de una sociedad más humana, justa y armónica. Esta nueva educación, que golpea desde años nuestras puertas, requiere de un trabajo comprometido, entusiasta y creativo, del cual se nos invita a ser protagonistas.


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