Teresa Flórez, académica U. Chile: “La evaluación tiene tanto peso en el sistema educativo chileno que modificándola inevitablemente empezamos a cambiar el resto”

La profesora experta en evaluación para el aprendizaje del Departamento de Estudios Pedagógicos de la Universidad de Chile, que trabaja junto a la Unidad Técnico Pedagógica (UTP) del LMS en la implementación del sistema de Evaluación sin notas enfocada en el proceso de aprendizaje, entrega su mirada del sistema educativo chileno, el impacto de la evaluación y la experiencia del LMS con el proyecto.

Teresa Flórez, profesora e investigadora del Departamento de Estudios Pedagógicos (DEP) de la Universidad de Chile, ha dedicado su vida académica a estudiar el impacto y los efectos de la evaluación para el aprendizaje.

Su trabajo ha reafirmado que en Chile la evaluación es un tema primordial en el sistema educativo, ya que se caracteriza por ser de “altas consecuencias”, es decir sus actores tienen mucho que ganar o perder. Explica que, desde el siglo XIX y hasta ahora, ha sido la cola que mueve al perroen las políticas públicas educacionales. El SIMCE, sus castigos y beneficios asociados, es el mejor de los ejemplos.

Pero este sistema radical también se presenta en el aula. “Al existir la nota, hay una suerte de valor de cambio que hace que los actores se muevan en una dirección contradictoria a los cambios curricular o pedagógicos”, señala.

En ese sentido, la también investigadora asociada del Centro de la Universidad de Oxford para la Evaluación de la Educación, considera que la evaluación es crucial para cambiar el sistema. En consecuencia, trabaja con la Unidad Técnico Pedagógica del Liceo Manuel de Salas en la configuración y aplicación del sistema de Evaluación sin notas y enfocado en el aprendizaje, que nace el 2017 en los Primeros Básicos y avanza progresivamente año a año adaptándose a los nuevos desafíos de cada nivel.

En términos generales la académica, que trabaja en la formación de profesores y profesoras de la Universidad de Chile, considera que en el país “hace falta una reflexión profunda respecto de qué tipo de educación queremos en función de qué sociedad queremos, considerando que el sistema actual fue impuesto”.

Nos cuenta sobre su mirada del sistema educativo chileno, el impacto de la evaluación  y la experiencia del LMS con el proyecto.

¿Cambiar la forma de evaluar es un buen comienzo?

Si bien creo que hay que hacer un cambio profundo del sistema, la evaluación puede ser un lugar clave desde el cual partir. En Chile desde el Siglo XIX hasta hoy, el sistema de evaluación es de altas consecuencias, es decir los actores del sistema educacional tienen mucho que ganar o perder. Históricamente ha sido “la cola que mueve al perro”, ha tendido a ser el que mueve el sistema. En ese sentido, al tener tanto peso la evaluación es crucial, al modificarla inevitablemente implica empezar a cambiar el resto. Si no se transforma el sistema de evaluación es muy probable que cualquier otro cambio no funcione.

¿Tampoco funcionan los cambios que el Ministerio de Educación ha hecho en el enfoque del currículo?

Cada vez que se implementa un cambio curricular o pedagógico no se modifica el sistema de evaluación de altas consecuencias, por lo tanto los actores no migran hacia la dirección del ajuste que en teoría busca una mirada constructivista, con énfasis en la formación ciudadana y un importante componente de innovación. La política educacional está siendo súper contradictoria.

Por otro lado, en un sistema neoliberal de mercado como el que tenemos, las políticas asociadas a las evaluaciones existentes, sobre todo en Simce -sus incentivos y castigos a lo económico y la competencia-, hacen que repensar el sistema requiera necesariamente pensar en la evaluación. Si sacas el Simce, por ejemplo, se cae el andamio completo. Por eso, partir de la evaluación tiene sentido, porque es como el hueso más duro de roer.

¿Cómo se distinguen los efectos de la evaluación de altas consecuencias en el aula?

Al existir la nota, hay una suerte de valor de cambio con importantes consecuencias, que está generando efectos negativos para el aprendizaje y la experiencia de los y las estudiantes.

Soy profesora, por lo tanto entiendo el valor de la evaluación en términos pedagógicos, pero no cualquier evaluación. Para hacer un cambio profundo primero tenemos que saber qué sociedad queremos y qué educación dentro de esa sociedad. Recién ahí deberíamos preguntarnos qué vamos a evaluar y para qué.

Entonces, el cómo evaluar es una postura política…

Yo creo que tiene consecuencias políticas graves. Mis estudiantes de pedagogía se encuentran con alumnos/as que dicen que no quieren pensar, que ellos no escriben y por qué no hacen pruebas de selección múltiple “que son más fáciles”.

Estamos generando sujetos sin voz, sin una mirada del mundo, acostumbrados a obedecer y encontrar respuestas correctas en el conocimiento que alguien más creó, no algo en lo que pueden contribuir. Estamos muy lejos de un sistema que pretende promover ciudadanos activos y participativos.

¿Cómo encontrar una mejor forma de evaluar?

Es una decisión pedagógica y política. En los contextos donde se ha prohibido poner nota hasta los 13 o 14 años, que generalmente son países escandinavos, es porque no quieren generar competencia o la percepción de que un estudiante es mejor que otro/a. Ellos se enfocan en el aprendizaje tanto individual, como colectivo.

Además es necesario analizar la pedagogía subyacente a un instrumento, por ejemplo, las preguntas de selección múltiple promueven una pedagogía conductista y mecanicista. Es decir, un aprendizaje por automatización y ejercitación con preguntas que contienen una respuesta correcta planteada por alguien más, en las que los y las estudiantes no tienen un rol activo en la construcción de conocimiento.

Si las políticas públicas no están siendo coherentes ni transformadoras,  ¿cuál es el rol de las instituciones para formar sujetos más activos y participativos?

Creo que es un error seguir esperando que los cambios vengan de arriba. En más de un siglo los cambios no han venido de ahí.

Es interesante lo que está pasando desde los últimos dos años, las escuelas están cansadas y habidas de buscar nuevos caminos. Hay instituciones, incluyendo el Liceo Experimental Manuel de Salas, que buscan la transformación asociada al: “No me hace sentido, no es para lo que estudié pedagogía”. Las iniciativas están partiendo en las instituciones educacionales.

¿Cómo se han caracterizado los cambios de base que han terminado implementándose como política pública?

Hay una alianza muy efectiva en hacer que los gobiernos escuchen: Profesores –Movimiento Social – Academia. Iniciativas como la del Manuel de Salas, que progresivamente trabaja en evaluar el aprendizaje, tienen que ver con esas conexiones, que generan el cambio desde la base y la práctica, con objetivos políticos compartidos y el apoyo que la Universidad desde una relación horizontal, respetuosa y dialógica.

Una vez que de las escuelas nace la necesidad, la demanda y la propuesta, en algún momento el de arriba escucha y genera al menos un ajuste. Ha sido importante comenzar a configurar el “plan B” desde las bases.

¿Qué es lo que más destacas del proyecto de Educación sin notas del LMS?

El LMS implementó progresivamente, desde el primer nivel de Educación Básica, una evaluación enfocada en el aprendizaje. Un método que aporta ya que habla de escenarios de evaluación donde se favorece que todas y todos puedan demostrar aprendizaje.

Además, trabajamos alejándonos del estándar y abordando la idea de progresión de aprendizaje, es decir cuánto avanzamos, no cuánto nos acercamos al máximo, porque obviamente hay estudiantes que vienen con condiciones de base diversas que hace que aprendan de forma diferente al estándar. Al trabajar la idea de progresión le han dado valor a los distintos ritmos de aprendizaje y a sus trayectorias.

¿Cómo puede contribuir el LMS a la Educación Pública con esta iniciativa que elimina la evaluación numeral y se enfoca en el proceso de aprendizaje?

La idea es que sea un puntapié inicial de una transformación más macro ya que es un enfoque que generalmente beneficia a los estudiantes rezagados, mejoran su autoestima, aprenden mucho más.

La curva de estudiantes en situación de desventaja es mucho más pronunciada que la de los privilegiados. Hacen mucho más esfuerzo, los otros solo refuerzan el mundo del que vienen. Si se logra influir para que la escuela y liceos públicos evalúen la progresión, a sus estudiantes les iría mejor porque la precariedad es mucho mayor.

Además buscamos que el Liceo trabaje con establecimientos de regiones que se han interesado en la experiencia.