Logo

Día Mundial de la Salud Mental: La escuela no solo enfrenta el reto de transmitir contenidos, sino también el de volver a humanizar los vínculos, recuperar la confianza y restituir el sentido de comunidad

10/10/2025

Al conmemorarse el 10 de octubre de 2025 el Día Mundial de la Salud Mental, la Coordinadora de Psicología del Liceo Experimental Manuel de Salas, reflexiona sobre el rol que debe ejercer la escuela para procurar el bienestar socioemocional de sus Estudiantes.  

Entenderemos por salud mental un estado de bienestar que permite a las personas afrontar los momentos de estrés de la vida, desarrollar sus habilidades, aprender y trabajar de manera adecuada, y contribuir al bienestar de su comunidad. Desde el enfoque biopsicosocial, la salud no es únicamente la ausencia de enfermedad, sino un estado de completo bienestar físico, mental y social. La Organización Mundial de la Salud (2020) ha recordado, además, que se trata de un Derecho Humano fundamental y de un pilar esencial para el desarrollo personal, comunitario y socioeconómico. Esta mirada obliga a las escuelas a reconocer que el aprendizaje no puede disociarse del cuidado socioemocional de sus estudiantes.

Tras la pandemia, ya se advertía en distintos foros que una de sus consecuencias más profundas sería el impacto en la salud mental. El confinamiento prolongado, la pérdida de interacciones cotidianas y la distancia física dejaron huellas que hoy se hacen visibles en las aulas. Los y las estudiantes debieron volver a reconocerse, a mirarse nuevamente a los ojos y a redescubrir quiénes eran los compañeros que tenían al frente. Pero nadie volvió siendo el mismo: cada uno traía consigo experiencias, pérdidas y vivencias complejas. En este escenario, la ansiedad y la depresión se consolidaron como las afecciones más recurrentes en todos los grupos etarios de la sociedad.

Los colegios, por su parte, se enfrentaron a realidades inéditas. Los conflictos y tensiones ya no eran solo virtuales: la violencia directa irrumpió con fuerza en los patios escolares y la incapacidad de diálogo se volvió una tónica preocupante. Reconstruir el tejido social dentro de las comunidades educativas dejó de ser una tarea secundaria para transformarse en una urgencia impostergable.

El desafío se complejiza aún más en un mundo profundamente tecnologizado, donde la información cambia a cada instante, las vidas se trasladan al espacio virtual y la interacción verbal y no verbal se vuelve escasa. Daniel Goleman (1995) ya advertía que la ausencia de habilidades emocionales limita la capacidad de los estudiantes para enfrentar los retos de la vida y relacionarse con los demás. En la misma línea, Rafael Bisquerra (2007) plantea que la educación emocional debe ser un proceso transversal y permanente, diseñado para dotar a niños y adolescentes de competencias que les permitan afrontar las dificultades cotidianas y prevenir el malestar psicológico.

Mar Romera (2017), por su parte, insiste en que “la educación emocional no es un añadido, es el corazón de la educación”. Su reflexión cobra mayor vigencia en un contexto donde la virtualidad amenaza con desplazar lo esencialmente humano: el vínculo, el contacto social, la palabra compartida.

La escuela, entonces, no solo enfrenta el reto de transmitir contenidos, sino también el de volver a humanizar los vínculos, recuperar la confianza y restituir el sentido de comunidad. Porque sin ese tejido social, difícilmente habrá aprendizaje pleno ni bienestar posible.

 

Coordinación de Psicología
Liceo Experimental Manuel de Salas


Experimentalidad Pedagógica

De tu interés